Testimonio de Argentina Comesaña Fernández Tomado en Alcabre el día 23/04/05 por: Telmo Comesaña Pampillón _________________________________________________ "Mi padre, Emilio Comesaña Sobreira,
de 50 años de edad y carpintero de profesión, fue asesinado en la madrugada del
6 de octubre de 1936 en la carretera de Vigo a Gondomar, en el lugar de
Vichicans, parroquia de Vincios, juntamente con Fernando Costas Iglesias y otros
dos hombres más; unos 300 metros antes, en A Pasaxe – Vincios, ya mataran a los
hermanos Antonino y José Comesaña Pérez. Todos fueron tirados a la cuneta; los
llevaron a enterrar a Mañufe-Gondomar; allí estaba el maestro de escuela D.
Rogelio de la Granja, que era presidente de la comisión del cementerio, y evitó
que los enterraran en una fosa común fuera del cementerio.
Mi madre, Aurora Fernández, quedó viuda con siete hijos (cuatro mujeres y tres hombres) y su madre, mi abuela, que vivía con nosotros. Mi padre, era el presidente de la Sociedad de Agricultores de Alcabre; Fernando, Antonino y José formaban parte de la directiva. El local de la sociedad estaba en el barrio de Viñagrande, en el bajo de la casa del Sr. José “O Cacola”, marido de la Sra. Matilde “A Canelas”. En la Sociedad, además de las cuestiones propias de la agricultura atendían los problemas de los socios, tales como ayudar en las labores del campo a personas necesitadas o impedidas. El único día de la semana que tenían libre era el domingo; recuerdo un día que comentaba: ya tenemos todo preparado para el domingo poder atarle las viñas a la Sra. Purifica “A Penaca”, que tenía el marido impedido. Enseñaban a leer y a escribir a los analfabetos, que eran muchos, tanto hombres como mujeres. La noche de fin de año la celebraban con baile amenizado por una orquesta; el patio de la casa lo adornaban y lo iluminaban. Por entonces, no había los medios actuales para divertirse, y los domingos bailábamos en la carretera del Barreiro, frente a la casa de Fernando, que nos ponía música en un gramófono que colocaba en la ventana para que los jóvenes pudiéramos divertirnos. Mis hermanas y yo trabajábamos
en la conservera de Bernardo Alfageme.
Después del levantamiento, a mi padre empezaron a vigilarlo Ricardo Salgueiro “O Camacho”- casado en Alcabre con María Comesaña, hija del Sr. José “O Chamica” - y el hijo del sargento Moreno; los dos falangistas venían a preguntar por él, querían saber donde estaba, le seguían los pasos. Iban pasando los días y la represión aumentaba; el miedo estaba presente en todo momento; a mi padre le aconsejaban que se marchase de aquí, pero él se negaba y decía: no puedo dejar sola a mi mujer con siete hijos. Mi madre le decía que sería peor que nos dejara para siempre. Una tarde lo encontré en el camino da Castaña frente a la casa del Sr. Benjamin Collazo “O Choucho”, hablando con el Sr. Manolo “O Carolo”, y me dijo: dile a tu madre que ya voy ahora (el Sr. Manolo lo estaba convenciendo para que se fuera. Él se fue y salvó la vida); le di el recado a mi madre que estaba muy preocupada y se quedó mas tranquila. Un día mi padre compró, a un pañero que vino por casa, una pieza de seda y nos dijo que la había comprado para nosotras, para que hiciéramos unas pañoletas para taparnos la cabeza porque los falangistas nos iban a cortar el pelo. Días
después llegaron los falangistas a cortarnos el pelo, pero mi padre consiguió
impedirlo; pasados unos días cuando fuimos a comer (mi madre nos llevaba la
comida a Roade) estaba mi padre esperándonos para decirnos que teníamos que ir
al cuartel de falange (el cuartel de falange estaba en Bouzas, en lo que había
sido el ayuntamiento) para cortarnos el pelo, pero, que no tuviéramos
vergüenza.
Mi padre se negaba a huir, pero ante el aumento de la represión tomaba algunas precauciones: las noches las pasaba envuelto en una manta debajo de las viñas. Cuando fuimos al cuartel de falange estaban allí Aníbal Vicente “O Cotón”, Ricardo Salgueiro y otros “señoritos” de Bouzas que raparon a Aurora y a Carmen. Al salir del cuartel estaba la familia de José “O Barbeiro”, que fueron los primeros en insultarnos, y cuando subíamos por la Rúa Ferreiros la Sra. Teresa “A Coxa” nos preguntó que nos pasaba, y cuando se lo comentamos quedó horrorizada; pero Sra. Concha “A das Pedras”, que vivía na rúa Nova (hoy Casiano Martínez) dijo: lo que tenían que cortarle a éstas era la lengua. Por aquellos días también le cortaron el pelo a mi prima Peregrina, fueron a su casa y su hermano Benito que trató de impedirlo fue apaleado. Una noche golpearon en la ventana de
la habitación donde dormíamos las hermanas; yo me levanté y abrí la contra y la
vidriera y en esto saltó dentro Aníbal Vicente Blanco “O Cotón”, y detrás tres o
cuatro mas; fueron a por mi padre y lo maniataron; el se agarró a un barrote de
la cama y lo rompió, luego le dio un vahído y quedó inconsciente (padecía del
corazón). Los “valientes” falangistas se sentaron por allí y nos recomendaron
que les diéramos alcohol; como no volvía en si se fueron dejando el aviso que se
presentara en el cuartel. Salieron de aquí y se fueron a la casa del vecino Sr.
Evaristo “O Martiño” y se llevaron preso al hijo, José. A la mañana siguiente
vinieron a casa la madre de José y su hermana Elena para avisar de su problema y
para interesarse por mi padre. Mi padre entonces ya estaba desmoralizado y
comentó que ya estaba todo perdido, que iban a por ellos.
A mi padre lo encarcelaron en el Frontón, rúa María Berdiales, sin ningún cargo; estuvo preso algunos días; mi hermana Sara le llevaba el desayuno y le pedía a los guardianes que le dejasen ver al padre, y ellos se negaban. Una mañana le contestaron que allí ya no estaba, y ante la insistencia de Sara por saber donde estaba le dijeron que lo habían llevado para Pontevedra, y seguidamente le entregaron sus pertenencias (el abrigo, un mechero-chisqueiro, la boina y unas calderillas). Sara fue directamente a la fábrica de Alfageme donde estábamos trabajando y entró llorando desesperadamente dándonos la noticia. El dueño de la fábrica nos llevó a su casa y le pidió a su mujer que nos diese una tila para tranquilizarnos; luego nos puso un coche y nos mandó a casa. Cuando llegamos al Cristo estaba en la puerta de casa Carmen “A Masada” (mujer de Antonino) con los dos hijos, y allí, todas lloramos nuestra amargura. Cuando encarcelaron a mi padre mis tíos Dorindo y José
hicieron gestiones para que lo soltaran, y les aconsejaron que presentaran un
certificado de buena conducta del cura de Alcabre, y que con ese certificado le
soltaban porque no tenía ningún delito. Fueron a ver al cura, Manuel Comesaña
Goberna, y este se negó rotundamente, argumentando que él no le conocía de nada,
que no iba a la iglesia. Con esa negativa firmó su sentencia de
muerte.
Mi padre no era de iglesia pero a nosotros nunca nos impidió que fuésemos a misa o al rosario. El cura D. Manuel llevaba el odio con él. Recuerdo un domingo que fui a misa y en el momento de ofrecer las oraciones por los muertos dijo: un padre nuestro por los muertos en la guerra, menos por los muertos en las cunetas. No aguanté más y tuve que salir de la iglesia. Tiempo después, vinieron a casa a pedir dinero para sustituir una campana de la iglesia que se había roto. Mi madre les contestó que no les daba nada porque al que ganaba el dinero lo habían asesinado. Tampoco le dieron nada en la visita de pascua. Recuerdo también un día que mi hermano Pepe llegó a casa con vómitos y no quería hablar, pero, cuando le insistí me confesó que venía de la playa de Fontes de ver los muertos tirados en las piedras. Después de expulsar al maestro Soliño, estuvo sustituyéndolo Eduardo Comesaña Goberna (el hermano mas joven del cura de Alcabre) y este sujeto a mi hermano Pepe lo tenía masacrado; un día llamé a la puerta y salió Eduardo y le pregunté: ¿qué haces tú aquí? y me contestó que era el maestro. Le dije que él no era maestro ni era nada y que fuera la última vez que le pegara a mi hermano; le pegué una bofetada que le retorcí la cara. Mi padre era un buen hombre, un buen esposo, un buen padre, razonable y cariñoso".
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